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Cuentan que cuando los bimbaches vieron llegar la expedición franco española de Juan de Bethencourt, decidieron en asamblea cubrir las copas del Garoé para que no fuera descubierto por los extranjeros, quienes quizás desistieran de la empresa de conquistar la isla si no encontraban agua. Todo se hizo según lo acordado no sin antes haber guardado reservas de agua suficientes para un par de semanas. El ardid surtió efecto y al poco tiempo los conquistadores comenzaron a sufrir las penalidades de la sed. Fue entonces cuando una aborigen, Agarfa, se enamoró de un joven expedicionario andaluz y dejándose llevar por la pasión reveló el valioso secreto del Garoé, sin pensar que con ello estaba condenando a todo su pueblo a perder la libertad. Los bimbaches viendo como su árbol sagrado estaba en manos extrañas decidieron secuestrar a Agarfa del campamento extranjero para ajusticiarla. Pero ya era demasiado tarde. Los conquistadores eran más y más fuertes y la resistencia era imposible. Finalmente, Armiche (Mencey, Rey de Hero) rindió homenaje al conquistador Juan de Bethencourt. No le sirvió de nada porque al poco tiempo fue cautivo, junto a sus más fieles vasallos, por los mismos que le habían prometido amistad y cordialidad. (Como me parece sospechoso que las mujeres siempre tengan la culpa de todo por malas o por tontas, supongo que esta última historia sí es una leyenda). Existe una endecha (o romance de origen medieval) sobre Agarfa en lengua aborigen que fue compuesto por los descendiente de los bimbaches. Uno de los versos dice así:
-"Mimerahaná, zinázinuhá, ahemen aten haranhua, zuAgarfúfinerenuzá." (¿Qué traes? ¿Qué llevas ahí? Pero ¿qué importa la leche, el agua y el pan si Agarfa no quiere mirarme?).
Porque, para colmo, la pérfida Agarfa era amada intensamente por el valiente Tincos, distinguido en las luchas contra los piratas que llegaban al Hierro para capturar isleños y venderlos como esclavos. Como ella no le correspondía, Tincos pasaba largos ratos sin comer contestando de esa manera a quienes le llevaban alimentos.
El Garoé fue arrancado de cuajo por un huracán en 1610. Los habitantes de la isla enviaron entonces una carta al rey de España (¿FelipeIII?) con la esperanza de que les enviara ayuda. Desgraciadamente, como en ella hablaban de un árbol sagrado , nadie los tomó en serio por pensar que se trataba de una simple superstición. Muchos murieron de sed.